Marí Ribas

Ibiza, 1906-74.

Antoni Marí Ribas, fue un pintor nacido en Ibiza, de padres naturales de San Antonio por lo que fue conocido por el nombre de "Portmany". De familia humilde, a los once años entró a trabajar de pintor con el maestro decorador Antoni Palau. Durante los años veinte del siglo XX se relacionó con el pintor Narcís Puget Viñas y con el profesor Manuel Sorá Bonet, los que la animaron a dedicarse a la pintura artística. Abandonó el taller de Palau y, en 1924, participó por primera vez en una muestra colectiva en el puerto de Ibiza. Marchó a Barcelona donde trabajó de pintor hasta que, tres años más tarde, entró en la escuela de Prácticas Gratuitas para Aprendices de la Unión y Hermandad de Maestros Pintores de Barcelona. Participó en numerosas exposiciones colectivas hasta que en 1933 hizo la primera de individual.

En sus óleos, pintados a menudo sobre maderas de pequeño formato, sigue las enseñanzas del maestro y amigo Narcís Puget. Los temas son parajes de las costas cercanas a la ciudad y vistas de Ibiza y Santa Eulalia. Imágenes tranquilas, de azules intensos y tierras doradas por el sol, de clara influencia impresionista. En 1936 viajó a Madrid y visitó el Museo del Prado, que dejó en él una fuerte impronta. En 1940 dejó definitivamente la pintura decorativa para dedicarse plenamente a la pintura artística. A partir de ese momento empezó a exponer con regularidad.

Desde el año 1945, el dibujo, técnica en la que encontró el mejor medio de expresión, empezó a dominar sobre los cuadros al óleo. Continuó dibujando y, en el año 1956, comenzó una época llena de éxitos. Desde entonces expuso en Ginebra, en Londres, en Berlín, además de participar en las muestras del Grupo Puget, del que fue miembro. En Ibiza, hizo exposiciones individuales en varias galerías.

En los dibujos, "Portmany" conseguía la inmediatez, la intensidad y la expresividad que ligaba con su carácter de hombre bohemio. Pintó sobre papel obras de pequeño formato. El pincel era un sencillo trozo de caña que él mismo afilaba y tenía al lado un tintero que rebajaba con agua. El puesto de trabajo preferente era el Rastrillo, desde donde podía observar perfectamente el bullicioso mercado, o bien se situaba estratégicamente en cualquiera de las esquinas de la plaza de la Constitución, donde está emplazado el mercado Viejo. Este lugar le permitía recoger las escenas que veía en la calle, masas anónimas, grupos humanos, mujeres con cestos y, al fondo, las columnas del mercado y hombres que pasan por las calles, a menudo en movimiento, a veces parados hablando en grupos. El puerto de Ibiza fue igualmente un paisaje que le interesaba, por ser punto de encuentro de marineros trabajando y personajes que pasaban ante los numerosos veleros atracados. Toda su obra ofrece un catálogo humano en el que quedan patentes las costumbres de la vida cotidiana de la isla. Su visión de la realidad no era nunca una copia, sino una interpretación según la personal mirada del artista y en este hecho radica su grandeza. Las líneas de tinta que llenan los dibujos son esquemáticas, expresivas y enérgicas, propias de una mano fuerte y rápida. Dejó una obra extensísima de más de 10.000 dibujos durante su actividad de 30 años. En el desarrollo de su trabajo no busca ni nuevos procedimientos ni amplía los temas, pero no es nunca repetitivo. Así, cambia tanto el encuadre como el punto de vista y la distancia desde la que mira a los personajes. Es un artista que encontró su medio de expresión y se dedicó de lleno, a continuar un camino con profundidad, sin caer en la monotonía, sino enriqueciéndola y enlazando con la tradición de los grandes maestros.

 

 

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