Antonio Saura y Hernández Pijuan

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Este otoño Gabriel Vanrell-Galeria d’Art ha escogido de su fondo de arte las obras de dos baluartes de la vanguardia española en la segunda mitad del siglo XX, como son Hernández Pijuan y Antonio Saura. Ambos tienen en común ser claros exponentes del informalismo español aunque para evolucionar, dada su continua investigación y trabajo dentro del campo pictórico, hacia unos estilos propios e inconfundibles que definen la obra de cada uno de ellos. Otro de los puntos en común entre ambos es la utilización de las diferentes técnicas del grabado.

Saura comienza su carrera artística como autodidacta. Inicia en 1958 la que será una fértil obra impresa que desarrollará durante toda su vida. En 1960 realizó su primera serigrafía y el artista queda inmediatamente fascinado por las múltiples posibilidades que ofrece ésta técnica. En 1968 deja la pintura hasta 1979, aunque seguirá desarrollando su obra gráfica. La mayor parte de la obra de Antonio Saura es figurativa y se caracteriza por el conflicto con la forma. Sus obras son expresivas y dan la impresión de ser obsesivas en su franqueza pictórica. Es un conflicto con un mundo lleno de contradicciones y falto de seguridad, en el que impera el pesimismo.

En el caso de Hernández Pijuan, es en 1957-1958 durante su estancia en París cuando estudia grabado y litografía en la Escuela de Bellas Artes de París adoptando una figuración geométrica dónde destacan los elementos solitarios sobre fondos y campos lisos de fajas de colores grises y verdes con inclusión de elementos matemáticos como cuadrículas, que sugieren una atmósfera mágica.

La década de los setenta le supone el descubrimiento tema del paisaje. Primeramente, aparece la regla y los espacios milimetrados. Después, la vivencia del paisaje real le hará acentuar la ficción de la perspectiva con texturas, gradaciones, etc. La noción del color deja paso a la atmósfera. La austeridad formal y matérica y la escueta repetición geométrica se vuelven rasgos fundamentales de sus obras. Alcanza una tensa calidad plástica. La línea es una obsesión gráfica no individualizada, sino referida siempre a geometrías voluntariamente ingenuas.

Las obras que mostramos en la exposición, y que forman parte de la serie Del jardín, son un claro ejemplo de ello. Son estudios de color, luz y movimiento sobre el espacio delimitado de un paisaje, convirtiéndose en visiones fragmentarias de campos casi monocromos.

Artistas

Huesca, 1930 - Cuenca, 1998.

Antonio Saura

Antonio Saura Atarés, empieza a pintar y a escribir en Madrid, en 1947, mientras se recupera de una tuberculosis que lo mantiene inmovilizado durante cinco años. Es durante estos años cuando realiza las primeras búsquedas y primeras experiencias pictóricas. Reivindica la influencia de Arp y Tanguy, pero se distingue ya por un estilo personal; crea numerosos dibujos y pinturas de carácter onírico y surrealista en los que generalmente representa paisajes imaginarios que plasma en una materia plana, lisa y rica en color.

En 1952 realiza su primera estancia en París. En 1954 y 1955 visitará por segunda vez  París, periodo durante el cual conoce a Benjamin Péret y frecuenta al grupo de los surrealistas, de los que pronto se distanciará junto con su amigo el pintor Simon Hantaï. Emplea entonces la técnica del grattage, adopta un estilo gestual y una pintura radicalmente abstracta, colorista, de concepción orgánica y aleatoria. Empieza a pintar ocupando el espacio del lienzo de varias y muy diversas maneras, creando estructuras formales propias que no dejará de desarrollar. Aparecen las primeras formas, que pronto se convertirán en arquetipos del cuerpo de la mujer o de la figura humana, dos temas fundamentales que ocuparán lo esencial de su obra.

A partir de 1956 Saura inicia sus grandes series, Damas, Desnudos, Autorretratos, Sudarios, Crucifixiones, que pinta tanto sobre lienzo como sobre papel. En 1957 funda en Madrid el grupo El Paso, que dirigirá hasta su disolución en 1960. Conoce a Michel Tapié. Stadler lo presenta a Otto van de Loo, en Múnich, y a Pierre Matisse en Nueva York. Limita entonces su paleta a los negros, grises y marrones. Se afirma en un estilo propio e independiente de los movimientos y las tendencias de su generación.

Su obra se inscribe en la línea de Velázquez y Goya. Entra en los principales museos. A partir de 1959 se dedica a una prolífica obra gráfica. Ilustra de manera original numerosos libros como Don Quijote, de Cervantes, 1984, de Orwell, Pinocho en la adaptación de Nöstlinger, Tagebücher, de Kafka, Tres visiones, de Quevedo, y otros muchos. En 1960 empieza a esculpir y realiza obras compuestas con elementos de metal soldado que representan la figura humana, personajes y crucifixiones. En 1967 se instala definitivamente en París; se implica en la oposición a la dictadura franquista y participa en numerosos debates y polémicas en los ámbitos de la política, la estética y la creación artística. En esta época se amplía su registro temático y pictórico. 

En 1971 abandona la pintura sobre lienzo, que retomará en 1979, para dedicarse a la escritura, el dibujo y la pintura sobre papel. A partir de 1977 empieza a publicar sus escritos y realiza varias escenografías para el teatro, así como para el ballet y la ópera. En 1983 crea una importante serie de retratos titulada Dora Maar o Dora Maar visitada. Desde esa fecha y hasta su prematura muerte retoma y desarrolla magistralmente el conjunto de sus temas y figuras para producir, tal vez, lo mejor de su obra.

 

 

Barcelona, 1931-2005.

Hernández Pijuan

Joan Hernández Pijuan, estudió en la escuela Llotja, escuela de artes y oficios de Barcelona y en la escuela de Bellas Artes de Sant Jordi entre 1952 y 1956. En 1953 realiza su primera exposición mostrando un estilo expresionista y con resonancia existencial. El Museo Municipal de Mataró acogió su primera exposición individual en 1955 y poco después fue uno de los fundadores del "Grupo Silex" junto a Carles Planell, Eduard Alcoy y Lázaro y Josep Maria Rovira y Requesón. En 1957 se trasladó a París donde estudió grabado y litografía en la Escuela de Bellas Artes, adoptando una figuración geométrica dónde destacan los elementos solitarios (fruta, copas, huevos, etc) sobre fondos y campos lisos de fajas de colores grises y verdes con inclusión de elementos matemáticos como cuadrículas, que sugieren una atmósfera mágica. Hasta mediados los años ochenta no vuelve al Informalismo. Su obra empieza a caracterizarse por el uso de una paleta de sólo blanco y negro.

Desde 1977 ejerció como profesor en la Escuela de Bellas Artes de Sant Jordi de Barcelona, compatibilizando su actividad creativa con su labor docente. A partir de 1980 formó parte de la comisión de actividades de la Fundación Miró de Barcelona. En 1989 pasó a ocupar el puesto de catedrático de pintura de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona, donde en 1992 fue nombrado Decano. Desde 1997 fue académico de Bellas Artes.

En 1993 el Centro Nacional de Arte Reina Sofía realizó una exposición antológica llamada `Espacios de silencio`.

Obras


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