Richt Miller

Texas, (E.E.U.U.), 1925 - Santa María del Camí, (Mallorca), 1991.

Richt Miller nace en Texas (E.E.U.U.), pero cautivado por el paisaje y la luz mediterráneas, a la vez que seducido por la idiosincrasia de España. En 1962 fija su residencia en Mallorca. En 1970 presenta su primera exposición individual en una galería en la isla, donde ya se podía intuir el mundo inquietante del artista, formado por criaturas silueteadas sobre fondos monocromos, que parece que invitan, como apunta Joan Bonet, a “hablar en voz baja, haciendo pausas y como pidiendo perdón por todo: pero sobre todo por los que se mueren sin saber, por lo que viven sin conocer, haciéndose preguntas ante el silencio interrumpido de Dios”. La pintura de Richt Miller “tiene la valentía de habernos guiado en el descenso y de enseñarnos que este infierno es obra nuestra” como apunta Guillem Frontera.

Fue un artista autodidacta. Nació en una familia de rancheros. Desde joven se va a interesar por el mundo del teatro, pero lo abandona pronto para presentarse voluntario en la marina de los Estados Unidos, participando en la II Guerra Mundial. Tras la guerra estudia en la universidad de Columbia y comienza a dedicarse en sus ratos de ocio a la pintura, que se convirtió pronto en su gran pasión. En 1961 reliza su primera exposición individual en Estados Unidos y en 1962, antes de decidir venir a España, expone individualmente en el Georgia Museum of Fine Arts.

En Mallorca se instala, en un primer momento en el Terreno y después compra la finca Son Fonoll, en Santa María del Camí. En 1963 presenta dieciséis obras en el Círculo de Bellas Artes de Palma en la que será su primera muestra en la isla. La exposición producirá un cierto escándalo en los círculos artísticos sin dejar a nadie indiferente. Su pintura tenía influencias del expresionismo y,  sobretodo, la nueva figuración. Sus personajes denotan una fuerte carga crítica, revestida de ternura y de identificación con los más débiles y marginados. Estos personajes son sometidos a menudo a deformaciones grotescas que nos recuerdan a pintores como Francis Bacon. En 1964 obtiene la medalla de la Diputación de Baleares y será a partir de ese momento cuando realice más exposiciones y participe en numerosos concursos.

La infancia fue una de las temáticas recurrentes en su obra. Con excepción de su penúltima etapa, más centrada en la reivindicación ecológica que por la presencia humana. El Hombre, en el sentido amplio de la palabra, y la infancia, van a ser el auténtico protagonista de la obra de Miller. El aislamiento fue, en la segunda larga mitad de su vida, un objetivo primordial y obsesivo. A solas con su mundo, poblado de ausencias y silencios, el artista permanecía siempre atento a las voces ocultas de la naturaleza y a los ecos que en ella había dejado el pasado. Y ese mundo es inseparable de su obra. Fue un artista que no concedió ni un milímetro cuadrado de su obra a la frivolidad ni a lo accesorio. En una primera etapa, la soledad y la angustia del hombre fueron transferidas sin paliativos a sus figuras, desencajadas por el horror o irremediablemente hundidas en la atónita desesperanza de la amnesia. Su paso por la abstracción no atenuó en lo más mínimo la visión del mundo que nos había transmitido en sus rostros. Después levantó un universo desasosegado por la densa ausencia del hombre, cuyo rastro de desolación protagonizaba sus naturalezas muertas y sus paisajes.

 

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